La casa Mallén, un edificio premodernista atribuido a Pablo Monguió situado en la confluencia de la calle Portal de Valencia con la ronda Ambeles, ha recuperado su esplendor tras varias décadas de deterioro gracias a la ciudadosa rehabilitación llevada a cabo por el grupo Térvalis bajo la dirección del arquitecto Amador Guillén.

La casa Mallén, un edificio premodernista atribuido a Pablo Monguió situado en la confluencia de la calle Portal de Valencia con la ronda Ambeles, ha recuperado su esplendor tras varias décadas de deterioro gracias a la ciudadosa rehabilitación llevada a cabo por el grupo Térvalis bajo la dirección del arquitecto Amador Guillén.

La restauración se ha centrado, primero, en la consolidación de un inmueble que presentaba serios problemas estructurales y de cimentación y, después, en la recuperación lo más fiel posible de los elementos decorativos originales, empezando por el singular solanar de la cubierta y siguiendo por la balaustrada de piedra de la azotea, el color de la fachada o las molduras de los dinteles de las ventanas.

La retirada de los andamios que cubrían las fachadas esta semana ha permitido a los turolenses conocer el resultado de una obra que se inició hace dos años, en agosto de 2013, y que concluirá en unos dos meses, incluyendo la decoración y el amueblamiento del interior.

Los trabajos han sido muy complejos por la necesidad de conservar una fachada que se encontraba en muy mal estado y sin apenas cimentación sobre un terreno constituido por arcillas expansivas, algo que obligó a emplear pilotes en los cimientos.

Según recordó Guillén, la demolición y vaciado interior del edificio se realizó a mano, planta a planta, porque debido a la escasez de espacio de un inmueble con solo 142 metros cuadrados de planta era inviable introducir maquinaria y además existía riesgo de dañar la deteriorada fachada. Concluida esa fase y una vez estabilizados los muros exteriores, se excavó el sótano y, después, se empezó a componer los forjados y a construir la estructura, ya que los elementos interiores carecían de valor y son de nueva construcción en su totalidad.

De forma paralela, se procedió a instalar el andamiaje exterior para realizar catas en la fachada, que permitieron sacar a la luz los elementos decorativos originales y el color que Monguió dio a un inmueble cuya fecha exacta de construcción no se conoce pero que se data a principios del siglo XX.

Como ha podido verse tras la retirada de los andamios, las fachadas de la casa Mallén eran de un tono crema muy claro y no del ocre intenso que presentaban las fachadas en las últimas décadas. Sobre este color principal destacan algunos elementos decorativos en un gris verdoso y el tono ocre que enmarca las ventanas de la última planta.

Buena parte de los esfuerzos se han invertido en la cubierta, una terraza rodeada por una balaustrada de piedra en la que destaca el solanar de acero y vidrio como elemento singular de la fachada que recae a los viaductos, que no es la principal pero sí la más vistosa.

La dificultad de la obra se ha incrementado por su ubicación en uno de los accesos al Centro Histórico, con tráfico intenso y poco espacio disponible para almacenar los materiales. De hecho, los de mayor tamaño han tenido que ser descargados desde la parte alta del edificio y empleando grúas, que además trabajaban durante la noche para evitar cortes de circulación en la ronda Ambeles en horario diurno.

Térvalis prevé ocupar su nueva sede el próximo mes de noviembre y para ello se ha empezado ya a trabajar en la decoración y el equipamiento interior de un edificio que tiene sótano, planta baja y cuatro pisos, además del solanar.

El solanar, reinterpretado

Si hay un elemento que destaca en la restauración de la casa Mallén es el solanar levantado en su azotea. Realizado en metal y vidrio y con pináculos de piedra en sus laterales, recupera el que el edificio tuvo en su origen y se derrumbó años después, aunque reinterpretado para adaptarlo a los tiempos actuales.

El solanar puede contemplarse al completo desde los viaductos, en medio de la terraza superior rodeada por una balaustrada de piedra en tono claro.

Las fotografías de principios del siglo XX muestran el granero original, de inspiración neogótica. Para poder recuperarlo, los promotores tuvieron que tramitar en 2012 una modificación del Plan Especial de Reforma Interior (PERI) del Centro Histórico y conseguir el visto bueno de la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural para el proyecto de ejecución, aprobado en 2013.

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